POLÍTICA DE TIERRAS
PUBLICAS
Por García Vizcaíno
Para
vencer a ese enemigo implacable la naturaleza le ofrece al hombre la tierra, para
que obtenga su sustento y todo cuanto necesita para su tránsito por la vida.
La superioridad del valor
económico de la tierra frente a otras actividades como el comercio, la industria,
los transportes, las finanzas, queda acreditada con la experiencia que
arroja la guerra. Al término de cada contienda quedan los beligerantes en
situación calamitosa. Ninguna casa habitable, hoyos y
hondonadas impresionantes, charcas de sangre y sangre seca esparcida
con restos humanos, el sistema de transportes: estaciones, vías, material
rodante, guías, señales, postes, columnas, sistemas de transmisión, totalmente rotos; buques hundidos o semihundidos o de
imposible reparación; instalaciones portuarias (muelles, escolleras, malecones, faros, boyas, tracción portuaria)
destruidas; las ciudades -edificios,
comercios, industrias, bancos, etc.-reducidas a
escombros; el sentimiento de horror aprisionando el alma humana y los sobrevivientes
poseídos del sagrado deber de ahorrar Pero a pesar de todo ello, ya para la
próxima cosecha la tierra rinde sus esperados frutos de alimentación. Ejemplos
son los países europeos exhibiendo elocuentemente el poder
de la tierra, de su fuerza regeneradora y de su capacidad
para la reconstrucción. La prosperidad de una nación y la
felicidad de sus habitantes se funda en la tierra y en sus cultivos. La tierra
tiene una fuerza ciclópea para la reconstrucción económica.
Los cultivadores de la tierra son también los guardianes de la independencia
del país. El planeta Tierra se integra por tierra y
agua; la tierra firme -los continentes, las islas, los polos- la aprovecha el
hombre;

